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Estoy esperando en la estación de trenes. Escuchando al Dylan del año que nací yo, en unos viejos walkman que sorprenderían a un niño de diez años mientras espero el tren que me llevará a la playa. Hace sol, corre la brisa y el pelo me tapa la cara. Una buena tarde para ir a ver el mar.
En un banco cercano una chica morena con acento del sur mastica chicle y fuma. Al otro extremo una madre juega con su nene mientras le da el biberón de la merienda.
Una mujer que pasó los sesenta se acerca hacia mí, lleva bermudas. Se sienta cerca y abre un libro.
Tantas veces estuve así... y ahora puedo recordarlas bien. No es tan tan malo esperar que llegue el tren.
